martes, 21 de agosto de 2007

Reflexiones acerca del Matrimonio

El Sacramento Vivo: El Matrimonio

El sacramento es el signo visible de una realidad invisible. El Matrimonio es un sacramento y por ello es un signo ante el mundo de Dios invisible viviendo entre nosotros, Dios vivo que da fruto en dos personas. Ellos son un continuo signo de su poder en el mundo. Existe una gracia y un poder especiales en cada pareja que Dios ha unido, cada cosa que hacen individualmente o juntos es una actualización de su sacramento. Cosas tan simples como lavar la vajilla, pasar el trapeador, manejar al trabajo, luchar por forjar una vida, ganar un pequeño salario para afrontar mayores gastos –sí, estas cosas y todas las demás facetas de su vida juntos– tienen un poder escondido en ellas para santificarlos. La vida matrimonial es un campo de santidad, donde el amor es la semilla plantada por Dios. En dicha vida en común, sus agonías y gozos, dolores y sacrificios, frustraciones y tensiones, sus momentos de júbilo y desesperación son como la lluvia y el sol, como el rayo y el trueno sobre un joven retoño.

Las faltas y debilidades de cada uno son compensadas por sus propias virtudes. Cada cual posee lo que al otro le falta, y esto resulta en una amorosa dependencia entre ellos para su mutuo crecimiento y transformación. Si marido y mujer pueden hacerse el hábito de mirarse sacramentalmente, viendo la belleza de Dios en el alma de cada uno, tratando de aumentar esa belleza edificándose, creciendo unidos a imagen de Jesús, entonces este sacramento del Matrimonio porta el sello de Dios Vivo.

Los temperamentos que pueden ser ocasión de problemas son vistos como escalones de piedra hacia la santidad, como herramientas en sus manos que pueden quitar la autosuficiencia, la susceptibilidad, la ira, los celos y la intemperancia. Cuando el crecimiento personal en el propio conocimiento los conduce a revestirse de Jesús, entonces la vida matrimonial se convierte en el propósito para el cual fue creada.

Cuando la conformación con Jesús es el principal fin de una joven pareja, las faltas e imperfecciones que tan rápido empiezan a oprimirnos son tomadas con las manos y usadas para construir y no para destruir. Si uno de ellos es gentil y el otro de temperamento fuerte, es obvio que uno posee lo que al otro le falta. Por ejemplo, si uno de lo dos tiene mal carácter, en frente tiene el ejemplo de la amabilidad de Jesús, y si dicha amabilidad es vista como un fruto bueno para obtener, entonces, cada uno ayudará al otro en su camino hacia Dios. Las diferencias de temperamento pueden ser una causa de incompatibilidad en una corte de divorcios, pero ante Dios, estas diferencias son instrumentos que ajustan y reajustan sus almas a la imagen de Dios.

La vida en Familia es la columna vertebral de la humanidad y depende de la mutua entrega, del mutuo compartir y dar del otro, implica el uso adecuado de los éxitos y fracasos del otro para la recíproca edificación. Los ladrillos y la mezcla de un edificio no son hermosos, pero sin ellos no hay construcción que pueda permanecer en pie; las tablas de madera y los clavos son un lejano remedo del hermoso estante ya concluido, pero son esas tablas de madera el estante mismo, son esos ladrillos unidos el edificio mismo. Lo mismo ocurre en una pareja de esposos: los reveses de cada día, los frustrantes errores, las preocupaciones y tensiones, los éxitos y fracasos, todos ellos forjan y construyen el hermoso edificio de la vida familiar. Aunque todo parezca infructuoso e inútil, aunque día a día el sufrimiento tenga éxito en hundirnos más en una vida rutinaria, aunque la acedía tome posesión de nuestros corazones con sus gélidas manos, la providencia de Dios cuenta cada lágrima, recoge cada riña y purifica todo error. Podemos pensar que todo está perdido, o que hemos fracasado, pero si pudiéramos vernos con sus ojos, veríamos la sabiduría de su voluntad. Si cooperáramos con Él y tratáramos de extraer el bien de todo mal, veríamos con mayor atención como nuestra alma cambia, como nuestra fe crece más firme, nuestra esperanza más segura y nuestro amor más profundo. Veríamos al Espíritu trabajando en todas las circunstancias de la vida, aunque sean éstas tan dolorosas.

Este sacramento vivo debiera ser considerado con devoción, devoción hacia la pareja y devoción hacia el sacramento mismo. Las parejas casadas debieran tener la posibilidad de recurrir al poder de su propio Sacramento cuando las dificultades surgen. Todo sacerdote sabe que su Ordenación le ha conferido diversos poderes para sanar y ser sanado, para desatar y atar, para consagrar y ofrecer sacrificios. No importa que dificultades puedan aparecer, estos carismas le pertenecen y mientras más consciente sea de estos poderes dados por Dios, su fe crecerá porque Dios estará trabajando en él. Él es el sacramento vivo de la ordenación. Todo lo que realiza moldea la imagen de Jesús en su alma, es un instrumento de Dios, su embajador en la tierra. Lo mismo ocurre con el matrimonio, hay escondido en este sacramento de la vida diaria, un poder especial. Este poder hace a dos personas capaces de vivir juntas en el amor, para traer al mundo otros seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios. Como el sacerdote, por el poder de su ordenación, ofrece un pedazo de pan y dice “este es mi cuerpo”, así los esposos, por el poder de su Sacramento Vivo, contemplan este niño, fruto de su amor, y dicen “este es nuestro cuerpo, este es Su templo”.

En la vida de cada pareja de esposos debe darse una continua edificación del Sacramento. Ya que cada sacramento nos trae la presencia de Dios de una manera especial, esta Presencia en el Matrimonio debiera ser una continua experiencia de vida. Los esposos debieran situarse en Su maravillosa Presencia diariamente poniendo sus vidas frente a Dios en un encuentro necesario de amor. Si un matrimonio empezara su día de la mano, se pusiera silenciosamente en la presencia de Dios, si fuera consciente de dicha presencia a su alrededor y en ellos, si tomaran de Dios las hermosas cualidades que les hicieran falta, si buscaran su bendición cada nuevo día, ese día empezaría inmerso en el amor de Dios, y ese Amor, más fuerte que la muerte, los mantendría unidos pase lo que pase.

La oración y la presencia de Dios son necesarias en cualquier estado de vida, pero cuanto más importantes en aquellos estados que son en sí mismos un sacramento. Cuando empezamos a vivir bajo la sombra de nuestra propia presencia, nuestro mundo se empequeñece, nuestra mirada se estrecha, y nuestras actitudes se centran cada vez con mayor intensidad en nosotros mismos. Las cosas y personas que nos rodean crispan nuestros nervios y nos ponen al borde del colapso, y no siempre es así porque vivir sería imposible, pero debido a que nuestras actitudes ya nuestro egoísmo estrechan nuestro campo de conciencia, nuestro dolor se concentra en la pequeña área de nuestra vida privada. Con esa misma intensidad, la vida se hace insoportable, el futuro se muestra incierto y el pasado es un fracaso total. Unos esposos con esas actitudes no pueden ver el bien en las cosas que les ocurren, y mucho menos algo bueno en su pareja. Las excusas para el rencor, el adulterio, la frialdad y la indiferencia abundan y son racionalizadas porque la miseria que sienten les parece demasiado real e inevitable. Ciertamente es real, pero constituye algo que puede ser usado como un peldaño en la escalera a la santidad.

Una vez que tomamos conciencia de que las flaquezas humanas son oportunidades en las que podemos elegir actuar como nosotros mismos o como Jesús, en cualquier situación que se dé, comenzamos a entender la necesidad de responder con amor en vez de reaccionar con ira incontrolable.

Las virtudes de la paciencia, el amor, la amabilidad, la fortaleza, la fidelidad, la confianza y el señorío de uno mismo, no son fáciles de adquirir sin el poder del Espíritu que habita en nosotros. Son virtudes de elección, producto de nuestra voluntad que decide actuar en contra de los malos impulsos que emanan de nuestro interior. Cuando luchamos contra estas malas tendencias en nosotros todos los días, nuestras almas empiezan a sentir fatiga, nuestra voluntad retrocede y nuestra determinación se tambalea. La perseverancia se vuelve difícil y la realidad de una lucha que se prolonga por años paraliza nuestra alma y la vuelve espiritualmente inerte.

¿Cómo puede un alma alcanzar la paz, la alegría y todo lo que anhela sin asentarse en aquella presencia que la rodea y penetra todo su ser? Ser inconscientes de dicha presencia es ser como cubos de hielo en medio del fuego. Una vez que el alma se rinde ante ella, como alguien que lo necesita todo, empieza a empaparse de las hermosas cualidades que provienen de esta Presencia Divina. Las faltas, las debilidades y los conflictos de carácter empiezan a diluirse, las raíces de los problemas salen a la luz y son cortadas, se da lugar a un nuevo y vigoroso crecimiento.

En todo sacramento se halla la presencia de Dios. Este Sacramento Vivo del Matrimonio debe encontrar su fundamento en la fuente de Agua Viva, la Presencia Divina, si quiere manifestar dicha presencia al mundo. Un matrimonio, en Cristo, es un testigo real del poder de Dios en medio de nosotros, es un ejemplo concreto de la vida de la Trinidad.

Como el Padre Eterno, el hombre es la cabeza de la familia unida. Es el protector y proveedor de la familia, tiene en sí la semilla de la vida. Sus obligaciones para con su familia requieren que de y reciba. Cooperando con el Padre, ejerce el poder que posee de traer una nueva vida al mundo, asume los valores espirituales de dicha vida y la guía con sus palabras y sus obras de nuevo hacia el Padre de todas las cosas. Debe ser compasivo, misericordioso y comprensivo, las vidas bajo su cuidado deben ser conducidas, no empujadas al Reino. Su protección debe ser aquilatada por el discernimiento de tal modo que aquellos bajo su providencia puedan madurar lentamente y enriquecerse de la levadura de la santidad. Debe corregir con gentileza, midiendo la reprimenda con la vara de la compasión y no con la de su propia cólera. Sus actitudes hacia su pareja deben ser las de un compañero. El libro del Génesis nos relata como Dios había dicho que no era bueno para el hombre permanecer solo y que por ello le daría una compañera –alguien en quien podría confiar–, alguien que lo podría ayudar a tomar decisiones, que lo consolaría, que lo amaría y sería como una sola persona con él. No hay ninguna aclaración acerca de la superioridad de uno y la inferioridad del otro, es la armonía de dos individuos viviendo como uno solo y desarrollando sus diversos roles como uno solo. Estas tareas se complementan y realizan plenamente solo cuando ambos son fieles a la parte que les ha sido dada a cada uno por Dios. Estos roles no pueden ser intercambiados, porque ninguno posee las cualidades, disposiciones, poderes o el carácter del otro. Cada uno posee unas cualidades especiales dadas por Dios para que realice su rol específico en la mutua edificación de ese único Templo del cual Dios es el Soberano.

La mujer es el lazo amable y amoroso que fortalece, consuela, construye, reconcilia y hace todas las cosas nuevas y excitantes. La mujer es la fortaleza en tiempos de sufrimiento, el coraje en las caídas, la intuición cuando se avecinan peligros. La mujer es ingeniosa cuando todo falla, creativa en tiempos de necesidad y finalmente una verdadera compañera para el hombre.

El hombre es corporalmente fuerte, agudo para pensar, práctico y capaz, es paternal y confortador, lleno de seguridad, confianza y conocimiento personal, cuenta con la habilidad necesaria para sostener y cuidar a su familia. El hombre necesita alguien que aprecie su capacidad, que lo escuche y lo atienda. Qué solo estaría sin aquellos dones tan especiales que su compañera, la mujer, le ofrece.

Podemos ver entonces que, dado que Dios ha designado al matrimonio como un sacramento, aquellos que han sido unidos por él, poseen una serie de cualidades personales únicas que deberían compartir y ayudar al otro a que las eleven a un nivel sobrenatural. Esa presencia invisible que los une debe hacerse visible por el amor que se tienen, por su vida en familia, por su crecimiento en santidad, por su preocupación por las necesidades de los demás, por su fidelidad y por su perseverancia día a día en el bien.

La Trinidad, que hace posible que su amor crezca, empieza a manifestar a cada una de sus Personas en la familia unida. El Padre Eterno se manifiesta cuando las virtudes de la compasión y la misericordia crecen en el hombre, que suavemente va empapándose de las virtudes de amabilidad y comprensión de su mujer. Jesús se hace manifiesto cuando la humildad y la modestia afloran en la mujer, que suavemente se va empapando de la fortaleza y el señorío de sí de su esposo. El creciente amor del uno al otro da frutos en sus hijos, imágenes de ellos mimos, y esto completa el círculo familiar, el signo visible de la Invisible Santísima Trinidad.

En la Trinidad el conocimiento que el Padre Eterno tiene de sí mismo es el Hijo y el amor que procede de ambos es el Espíritu Santo. De la misma forma en la familia unida, el hombre refleja las cualidades del Padre y la mujer las cualidades de Jesús. Los niños, que proceden del amor, son la manifestación del Espíritu. Todos son distintos aunque también son uno. Cada uno posee ciertas cualidades que el otro necesita, cada uno comparte estas cualidades con el otro y así, se transforman más y más en su modelo: la Eterna Trinidad.

Aunque aquellos que viven este sacramento caen con frecuencia, son siempre conscientes del peso de su vocación, del llamado a la santidad y de lo designios del Padre que los ha unido y ha hecho de ellos una sola carne.

Los hijos de una pareja así se convierten en una fuente de amor y plenitud. Tienen el poder de sacar del padre y de la madre cualidades escondidas que nunca se harían manifiestas sino fuese por ellos. Los padres ejercen su labor en un grado excelso cuando forman, educan y enseñan a sus hijos. La compasión y la comprensión del padre crecen en grado y en calidad con cada nueva circunstancia que se presenta. La mujer se vuelve un lazo de unidad y un medio de reconciliación, empieza a practicar aquellas cualidades interiores de bondad y amor nunca antes reveladas, un nuevo espíritu de sacrificio se desarrolla en ella a la par que su misión en la familia se va engrandeciendo. En la entrega que hacen de ellos mismos al fruto de su amor, el amor entre los padres crece. El amor crece cuando el dolor y el sacrificio, aceptados alegremente, son llevados con fe y esperanza. Cualquier tipo de egoísmo en este punto de la vida de una pareja, dañaría su matrimonio, debilitaría su amor y generaría tensiones. Cuando el poseer y el placer toman el lugar de los niños, el fuego del amor se torna frío. El amor engendra amor y cuando a éste se le niega la donación de sí, la naturaleza humana cae en la resignación y la vida se vuelve una prueba de resistencia, una cacería salvaje detrás de efímeros placeres, placeres que solo los distraen de las obligaciones y deberes de su estado de vida.

Dado que el Matrimonio es un sacramento por el que la pareja recibe a la verdadera fuente del amor, a Dios, no podrá ser un sacramento vivo si el amor es deliberadamente echado fuera. Solo sobreviviría el aspecto vinculante del sacramento y un matrimonio así tarde o temprano empezaría a sentir la aguda presión de aquellas cadenas indestructibles. La opción consciente por el egoísmo en cualquier estado de vida, sea este el de casado, soltero, o religioso, trae caos. Aunque la vida célibe y la vida religiosa en común no son sacramentos en sí mismos, aquellos que viven en dichos estados reciben otros sacramentos y los principios de vida aplicados al matrimonio se aplican también a sus vidas.

Nuestra vida entera fue creada por Amor. Por eso, debemos optar por ser amados. La fe y la esperanza generan amor pero si dejamos que estas virtudes sean empequeñecidas por nuestras opciones egoístas, nos alejamos de la fuente de todo calor, bondad, compasión y alegría. En vez de ver la mano de Dios en nuestro presente, vemos solo gente y cosas, y la fe se empobrece. En vez de observar a Dios sacando bien de todos nuestros dolores, frustraciones y descorazonamientos, solo vemos malas intenciones y perdemos la esperanza y la alegría. En este tipo de atmósfera es muy difícil, si no imposible, que crezca el amor.

Para asegurar este crecimiento, la frecuente recepción de la Eucaristía –presencia real del Amor– y del sacramento curativo de la Reconciliación es indispensable. Sin Él no podemos elevarnos a las alturas de la santidad, sin el bálsamo sanativo de la absolución no podemos mantener un combate consistente por la virtud y el bien.

Si estos dos sacramentos, la Eucaristía y la Reconciliación, son un parte integrante de la vida de una pareja de casados, el sacramento del Matrimonio que poseen hará de ellos una hostia –un cuerpo unido a Su Cuerpo, un amor unido a Su Amor– una en el mutuo perdón al ser ellos recipientes de Su Misericordia. Su Sacramento será vivificado y alimentado en la fuente inagotable de amor: Dios.

viernes, 17 de agosto de 2007

El dolor

El dolor es un misterio.
El peligro del sufrimiento es que nos convence de que nosostros somos los únicos que sufrimos.
El dolor es un misterio.

Si, el dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.

La primera consideración que yo haría es la de la «cantidad» de dolor que hay en el mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad esta sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?


Los medios de comunicación nos hacen comprender mejor el tamaño de esa montaña del dolor. El hombre del siglo XIV conocía el dolor de sus doscientos o de sus diez mil convecinos, pero no tenía ni idea de lo que se sufría en la nación vecina o en otros continentes. Hoy, afortunada o desgraciadamente, nos han abierto los ojos y sabemos el número de muertos o asesinados que hubo ayer. Sabemos que 40 millones de personas mueren de hambre al año. Y hoy se lucha más que nunca contra el dolor y la enfermedad... Pero no parece que la gran montaña del dolor disminuya. Cuando hemos derrotado una enfermedad, aparecen otras nuevas que ni sospechábamos (cómo olvidar el SIDA?) que toman el puesto de las derrotadas. En la España de hoy, y a esta misma hora, hay tres millones de españoles enfermos. Y diez millones pasan cada año por dolencias más o menos graves. Pero el resto de sus compatriotas (y de sus familiares) prefiere vivir como si estos enfermos no existieran. Se dedican a vivir sus vidas y piensan que ya se plantearán el problema cuando «les toque» a ellos.

Sabemos muy poco del dolor y menos aún de su porqué. ¿Por qué, si Dios es bueno, acepta que un muchacho se mate la víspera de su boda, dejando destruidos a los suyos? ¿Por qué sufren los niños inocentes? Nosotros, cristianos, debemos ser prudentes al responder a estas preguntas que destrozan el alma de media Humanidad. ¿Quién ignora que muchas crisis de fe se producen al encontrarse con el topetazo del dolor o de la muerte? ¿Cuántos millares de personas se vuelven hoy a Dios para gritarle por qué ha tolerado el dolor o la muerte de un ser querido?

Dar explicaciones a medias es contraproducente y sería preferible que, ante estos porqués, los cristianos empezásemos por confesar lo que decía Juan Pablo II en su encíclica sobre el dolor: El sentido del sufrimiento es un misterio, pues somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Algunas respuestas pueden aclarar algo el problema y debemos usarlas, pero sabiendo siempre que nunca explicaremos el dolor de los inocentes.

Dedicarse a combatir el dolor es más importante y urgente que dedicarse a hacer teorías y responder porqués.

Hemos gastado más tiempo en preguntarnos por qué sufrimos que en combatir el sufrimiento. Por eso, ¡benditos los médicos, las enfermeras, cuantos se dedican a curar cuerpos o almas, cuantos luchan por disminuir el dolor en nuestro mundo!

El dolor es una herencia de todos los humanos, sin excepción. Un gran peligro del sufrimiento es que empieza convenciéndonos de que nosotros somos los únicos que sufrimos en el mundo o los que más sufrimos. Una de las caras más negras del dolor es que tiende a convertirnos en egoístas, que nos incita a mirar sólo hacia nosotros. Un dolor de muelas nos hace creemos la víctima número uno del mundo. Si en un telediario nos muestran miles de muertos, pensamos en ellos durante dos minutos; si nos duele el dedo meñique gastamos un día en autocompadecemos. Tendríamos que empezar por el descubrimiento del dolor de los demás para medir y situar el nuestro.

Es la humilde aceptación de que el hombre, todo hombre, es un ser incompleto y mutilado. Es el descubrimiento de que se puede ser feliz a pesar del dolor, pero es imposible vivir toda una vida sin él. El mayor descubrimiento, el que más me ha tranquilizado como hombre ha sido precisamente este sano realismo. Tratar de no mitificar mi enfermedad, no volverme contra Dios y contra la vida, como si yo fuera una víctima excepcional. Desde el primer momento me planteé la obligación de pensar que «yo no era un enfermo», sino «un señor que tiene un problema» como «todos» tienen sus problemas.

Cuando vas conociendo a los hombres, descubres que «todos» son mutilados de algo. Así pensé que a mí me faltaban los riñones o me sobraba un cáncer, pero que a los demás o les faltaba un brazo, o no tenían trabajo, o tenían un amor no correspondido, o un hijo muerto. Todos. ¿Qué derecho tenía yo, entonces, a quejarme de mis carencias, como si fueran las únicas del mundo? Sentirme especialmente desgraciado me parecía ingenuo y, sobre todo, indigno.

Oración pidiendo dar testimonio con la vida

g_fichero_8315_20060602.jpg Esparcir tu fragancia


Oh Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya.


Inunda mi alma de tu espíritu y vida.


Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.


Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma en la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.


Que al verme no me vea a mí, sino a Tí en mí.


Permanece en mí. Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás.


Mi luz toda de Tí vendrá, Jesús: ni el más leve rayo será mío.


Será Tú el iluminarás a otro por mi medio.


Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor.


Que no te pregone con palabras sino, con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor, que mi corazón saca de Tí.


¡Amén!

jueves, 16 de agosto de 2007

Reflexiones acerca del Matrimonio

El Matrimonio y su sacramentalidad
Juan Pablo II

Juan Pablo II recordó "la relación especial que tiene el matrimonio de los bautizados con el misterio de Dios, una relación que (...) asume la dignidad del sacramento".

"El lazo entre la secularización y la crisis del matrimonio y la familia es bien evidente como lo es la crisis sobre el sentido de Dios y sobre el sentido del bien y del mal moral (...) Es necesario volver a descubrir la dimensión trascendental que es intrínseca a la verdad plena sobre el matrimonio y sobre la familia superando cualquier dicotomía que tienda a separar los aspectos profanos de los religiosos, como si existieran dos matrimonios: uno profano y uno sacro"...

Mensaje Espiritual 16/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Jueves, 16 agosto de 2007

Semana 19 del Tiempo Ordinario

Josué 3, 7-10a. 11. 13-17 / Mateo 18, 21-19, 1

Salmo responsorial Sal 113Aª, 1-6, 10b-12. 15b-16

R/. “¡Aleluia, Aleluia, Aleluia!”


A nuestro corazón

Amado corazón:

Tú no estás solo, jamás lo estarás.

Dios está contigo en cada segundo de tu vida...

miércoles, 15 de agosto de 2007

Rezo del Santo Rosario

Como rezar el Rosario

Para recitar el Rosario con verdadero provecho se debe estar en estado de gracia o por lo menos tener la firme resolución de renunciar al pecado mortal.

1. Mientras se sostiene el Crucifijo hacer la Señal de la Cruz:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Luego recitar el Credo:

El Credo
Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está a la diestra de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén.


2. En la primera cuenta grande recitar un Padre Nuestro.

El Padre Nuestro
Padre Nuestro, que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

3. En cada una de las tres siguientes cuentas pequeñas recitar un Ave María.

Ave María
Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

4. Recitar un Gloria antes de la siguiente cuenta grande.

Gloria
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


5. Anunciar el primer Misterio del Rosario de ese día y recitar un Padre Nuestro en la siguiente cuenta grande.


6. En cada una de las diez siguientes cuentas pequeñas (una decena) recitar un Ave María mientras se reflexiona en el misterio correspondiente al día de rezo.


7. Recitar un Gloria luego de las diez Ave Marías.


8. Cada una de las siguientes decenas es recitada de la misma manera: anunciando el correspondiente misterio, recitando un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria mientras se medita en el misterio.


9. Cuando se ha concluído el quinto misterio el Santo Rosario suele terminarse con el rezo del Salve Reina.

Salve Reina

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


10.Por costumbre, muchas personas intercalan otras oraciones durante el rezo, ya sea al comenzar, al finalizar cada misterio y previo el comienzo del próximo (como las Jaculatorias) y/o al terminar los cinco misterios.


¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Miércoles, 15 agosto de 2007

La Asunción de la Santísima Virgen María

Apocalçipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab /

1 Corintios 15, 20-27a / Lucas 1, 39-56

Salmo responsorial Sal 44, 10b-12. 15b-16

R/. “¡De pie a tu derecha está la Reina, Señor!”

Prepara, María

Un camino por el que pueda llegar al cielo.

Un lugar donde, yo, pueda descansar en el cielo.

Un rincón, desde el que yo pueda contemplar a Dios.

Un oasis, donde pueda vivir en paz.

Un asiento, donde pueda escuchar la voz del Señor...

martes, 14 de agosto de 2007

El Santo Rosario

« El Rosario de la Virgen María...
es una oración apreciada por numerosos Santos y
fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad,
sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado
una oración de gran significado, destinada a producir frutos
de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de
un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido
nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el
Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (Duc in altum!), para anunciar, más aún, 'proclamar' a Cristo al mundo como Señor y
Salvador, 'el Camino,la Verdad y la Vida' (Jn 14, 6), el 'fin de
la historia humana, el punto en el que convergen los deseos
de la historia y de la civilización'.» *

« El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su
carácter mariano, es una oración centrada en la cristología.
En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad
de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio.
En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat
por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal.
Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la
belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de
su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes
gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la
Madre del Redentor ».*

Mensaje Espiritual 14/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Martes, 14 agosto de 2007

Semana 19 del Tiempo Ordinario

Deuteronomio 31, 1-8 / Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Salmo responsorial Deut 32, 3-4a. 7-9. 12

R/. “¡La herencia del Señor es su pueblo!”

Yo te escucho...

"Llámame cuando estés angustiado,
Yo te libraré y tú me honrarás" ...

viernes, 10 de agosto de 2007

Conversaciones espontáneas con el Señor, por la Madre Angélica

Búsqueda de Dios

Señor Dios, mi alma Te busca en medio de un vacío que nada puede llenar. Mi alma, como una mariposa, revolotea de una cosa a otra buscando descanso y encontrando nada. Sólo es en Ti que mi alma cansada encuentra la plenitud. Voy por la vida buscándote y cuando pienso que Te he encontrado, desciende la noche más oscura y Te has ido. Es entonces, cuando un nuevo amanecer se inicia lentamente, cuando Te hallo una vez más. Cuando paso el día buscándote, te encuentro en lugares inesperados. Mi vida es de verdad un juego de perder y hallar. Permite que mi búsqueda sea una canción de amor, de un alma privada del talento para contarte su amor. Permite que mis torpes modos sean un poema del deseo de decirte que Te amo. Permite que mis debilidades y fracasos sean como el lamento lastimoso de un pájaro herido que no puede volar solo a su nido. Permite a mi nada que se pierda en Tu Omnipotencia para que yo nunca pueda separarme de Ti.

"... no llorarás ya más; de cierto tendrá piedad de ti, cuando oiga tu clamor; en cuanto lo oyere, te responderá." (Isaías 30, 19)

Mensaje Espiritual 10/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Viernes, 10 agosto de 2007

San Lorenzo, Diácono y Mártir

2 Corintios 9, 6-11 / Juan 12, 24-26

Salmo responsorial Sal 111, 1-2. 5-6. 7-8. 9

R/. “Dichoso el que se compadece y da prestado”


Victoria para quienes perseveran

Iniciar una obra es cosa relativamente

fácil, basta con avivar un poco

la lumbre del entusiasmo...

jueves, 9 de agosto de 2007

Meditación para hoy

Eucaristía, amor de Cristo hasta el extremo

Cristo se ha quedado solo para ti en la Eucaristía, como si tú solo lo visitaras, allí esta a todas horas, solo para ti.
Eucaristía, amor de Cristo hasta el extremo


Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo. Los suyos entonces eran los que le veían: Juan y Pedro y los demás compañeros. Hoy los suyos somos tú y yo, todos nosotros; por lo tanto: “Habiendo amado a los suyos, es decir, a los que hoy están en el mundo, los ama hasta el extremo.

Esto es la Eucaristía: el amor de Cristo hasta el extremo para ti, para mí, durante toda la vida. Porque la Eucaristía es poner a tu disposición toda la omnipotencia, bondad, amor y misericordia de Dios, todos los días y todas las horas de tu vida. En cada sagrario del mundo Cristo está para ti todos los días de tu vida. Según sus mismas palabras: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Al decir con vosotros, es decir contigo, conmigo.

El sol no te alumbra o calienta menos a ti cuando alumbra o calienta a muchos. Si tú solo disfrutas del sol, o hay millones de gentes bajo sus rayos, el sol te calienta lo mismo... te calienta con toda su fuerza.

Así, Cristo se ha quedado solo para ti en la Eucaristía, como si tú solo lo visitaras, tú solo comulgaras, tú solo asistieras a la misa. Allí esta, pues, Cristo, medicina de tus males; pero pide como el leproso: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Pide como Bartimeo: ”Hijo de David, ten compasión de mí”. Pide como el ladrón: “ Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino”. Allí esta a todas horas, solo para ti, el único bien verdadero, el único bien perdurable, el único amigo sincero, el único amigo fiel; el único que nos tiende la mano y nos ayuda y nos ama en la juventud, en la edad madura, en la la vejez, en la tumba y en la eternidad. Cada uno tiene sus problemas, fallos, miedos, soberbia... tráelos aquí; verás cómo se solucionan. Cristo tiene soluciones.

¿Quieres, necesitas consuelo, fortaleza, santidad, alguna gracia en especial? Sólo pídela con fe, y no tengas miedo de pedir milagros, porque todo es posible para el que cree.

Jesús ha querido quedarse en el Sagrario para darnos una ayuda permanente.

Autor: P. Mariano de Blas LC

Mensaje Espiritual 09/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Jueves, 9 agosto de 2007

Semana 18 del Tiempo Ordinario

Números 20, 1-13 / Mateo 16, 13-23

Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-9

R/. “¡Ojalá escuchen hoy la voz del Señor!”


Una sonrisa no cuesta nada

Una sonrisa no cuesta nada

y produce mucho fruto.

Enriquece a quienes la reciben,

sin empobrecer a quienes la dan.

martes, 7 de agosto de 2007

Hoy Fiesta de San Cayetano

SAN CAYETANO DE THIENE
1480-1547


  • Festividad: 7 de agosto.
  • Fundador de la orden de los Clérigos Regulares (Teatinos)
  • Nacionalidad: italiana.
  • Fecha beatificación: 1629 por el Papa Urbano VIII.
    Fecha canonización: 1671 por el Papa Clemente X.
    Patrón: personas que buscan trabajo, desempleados.

¡Oh glorioso San Cayetano Padre de la Providencia!, no permitas que en mi casa me falte la subsistencia y de tu liberal mano una limosna te pido en lo temporal y humano.

¡Oh glorioso San Cayetano!, Providencia, Providencia, Providencia.

(Aquí se pide la gracia que se desea conseguir)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jaculatoria. Glorioso San Cayetano, interceded por nosotros ante la Divina Providencia.

[Estampa religiosa de San Cayetano de Thiene]

Mensaje Espiritual 07/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Martes, 7 agosto de 2007

Semana 18 del Tiempo Ordinario

Números 12, 1-13 / Mateo 15, 1-2. 10-14

Salmo responsorial Sal 50, 3-7. 12-13

R/. “¡Piedad, Señor, porque pequé contra ti!”

Una aventura para cada día

“Contemplar a una persona o cosa cada día del año

y descubrir siempre algo nuevo en ella...

es una aventura mucho más apasionante

que la que puede ofrecer cualquier viaje”, dijo el Maestro (A. Mello)...

lunes, 6 de agosto de 2007

Hoy celebramos:

La Transfiguración
del Señor

6 de Agosto

Señor Jesús: transfigúranos también a
nosotros en nuevas creaturas,
totalmente agradables al Padre Dios.

Trasfiguración del Señor

Narra el santo Evangelio (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10) que unas semanas antes de su Pasión y Muerte, subió Jesús a un monte a orar, llevando consigo a sus tres discípulos predilectos, Pedro, Santiago y Juan. Y mientras oraba, su cuerpo se transfiguró. Sus vestidos se volvieron más blancos que la nieve,y su rostro más resplandeciente que el sol. Y se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con El acerca de lo que le iba a suceder próximamente en Jerusalén.

Pedro, muy emocionado exclamó: -Señor, si te parece, hacemos aquí tres campamentos, uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías.

Pero en seguida los envolvió una nube y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo".

El Señor llevó consigo a los tres apóstoles que más le demostraban su amor y su fidelidad. Pedro que era el que más trabajaba por Jesús; Juan, el que tenía el alma más pura y más sin pecado; Santiago, el más atrevido y arriesgado en declararse amigo del Señor, y que sería el primer apóstol en derramar su sangre por nuestra religión. Jesús no invitó a todos los apóstoles, por no llevar a Judas, que no se merecía esta visión. Los que viven en pecado no reciben muchos favores que Dios concede a los que le permanecen fieles.

Eso sigue sucediendo a las personas que rezan con fervor. La oración les transfigura y embellece el alma y les vuelve mucho más agradables a Dios.

Dos personas muy famosas del Antiguo Testamento. Moisés en nombre de la Ley, y Elías en nombre de los profetas, venían a respaldar y felicitar a Jesucristo y a proclamar que El es el enviado de Dios para salvar al mundo.

Es un elogio hermosísimo hecho por el Padre Dios, acerca de Jesucristo. Es su Hijo Unico. Es amadísimo por Dios, y es preferido por El a todos los demás seres que existen. Verdaderamente merece nuestro amor este Redentor tan amado por su Padre que es Dios.

Mensaje Espiritual 06/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Lunes, 6 agosto de 2007

La Transfiguración del Señor

Daniel 7, 9-10. 13-14 / 2 Pedro 1, 16-19

/ Lucas 9, 28b-36

Salmo responsorial Sal 96, 1-2. 5-6. 9

R/. “El Señor reina, altísimo por encima de toda la tierra”


Un hombre nuevo...


Dios le dijo a Saúl:
"Haré de ti otro hombre"
(1Sam 10, 6)

También se lo dijo a David,
e hizo un nuevo hombre de él.
Lo convirtió en otra persona.

domingo, 5 de agosto de 2007

Lecturas del 5/8/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Liturgia - Lecturas del día

Domingo, 5 de agosto del 2007

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Eclesiastés 1, 2; 21- 23 / Colosas 3, 1-5. 9-11 / Lucas 12, 13-21
Salmo responsorial Sal 89, 3-6. 12-14. 17
R/. "Señor, Tú has sido nuestro refugio"


LECTURAS DEL DOMINGO 5 DE AGOSTO DE 2007

DOMINGO XVIII DURANTE EL AÑO

¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo?

sábado, 4 de agosto de 2007

Mensaje Espiritual 04/08/07

Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Sábado, 4 agosto de 2007

Semana 17 del Tiempo Ordinario

Levítico 25, 1. 8-17 / Mateo 14, 1-12

Salmo responsorial Sal 66, 2-3. 5. 7-8

R/. “¡Que todos los pueblos te den gracias, Señor!”


Un ángel de esperanza

El Señor te regala un ángel de Esperanza,

para que vueles en su alas de amor

cuando el dolor te supere.

viernes, 3 de agosto de 2007

Mensaje Espiritual 03/08/07

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Viernes, 3 agosto de 2007

Semana 17 del Tiempo Ordinario

Levítico 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37 / Mateo 13, 54-58

Salmo responsorial Sal 80, 3-6b. 10-11b

R/. “¡Canten con júbilo al Señor; nuestra fuerza!”


Todo tiene su tiempo

No aceleres la lluvia,
ella tiene su tiempo cierto de caer
y saciar la sed de la tierra.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Mensaje de Esperanza

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Jueves, 2 agosto de 2007

Semana 17 del Tiempo Ordinario

Éxodo 25, 8-9; 40, 16-21. 34-38 / Mateo 13, 47-53

Salmo responsorial Sal 83, 3-6a. 8a. 11

R/. “¡Qué amable es tu Casa, Señor del universo!”


Tolerancia

El aprendizaje de la tolerancia

es el camino hacia la convivencia.

Saber convivir es saber respetarnos...

Mensaje de Esperanza

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Miércoles, 1º agosto de 2007

Semana 17 del Tiempo Ordinario

Éxodo 34, 29-35 / Mateo 13, 44-46

Salmo responsorial Sal 98, 5-7. 9

R/. “¡Santo eres, Señor; Dios nuestro!”

Tu verdadero rostro

No olvides que tu rostro

está destinado a los demás,

que los demás deben mirarlo

y que nada hay más deplorable

y desalentador que encontrar

durante horas y días un rostro

feo y poco simpático...