martes, 1 de enero de 2008

Mensaje de Esperanza 01-01-2008

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Martes, 1º de Enero de 2008

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Números 6, 22-27 / Gálatas 4, 4-7 / Lucas 2, 16-21

Salmo Responsorial Sal 66, 2-3. 5-6. 8

R/. "El Señor tenga piedad y nos bediga"

Santoral:

Santa María: Madre de Dios,

San Telémaco, San Fulgencio

Noche vieja


Se fue un año más.

Al final del año es conveniente hacer un balance

de los 365 días, para ver qué se hizo con ese año de vida.

Conviene también saldar todas las deudas

que se tienen con Dios y con los demás.

Quiero asomarme a la ventana de mi casa

y mirar hacia atrás, hacia ese largo camino

que he recorrido durante todo el año.

Si algo puedo ver, es que cada día de ese año

transcurrido estuvo lleno del amor de Dios.

Estoy en deuda con Él; por eso mi primera palabra

al final del año es: ‘¡Gracias!’.

Pero, al lado de tantas bondades de ese Dios,

está la triste historia de la ingratitud y la mediocridad

para con ese gran amigo.

Por eso la segunda palabra tiene que ser:

“¡Perdóname todos los errores, todas las mediocridades!

¡Yo sé que me perdonas!”

Pero hay una tercera palabra que quiero decir:

“Te pido un gran año para hacer con el una gran tarea,

ayúdame a que este año que empieza sea mejor,

que valga la pena vivir. Conviértelo en un gran año.

Que aquello de “próspero año nuevo” no se quede

en una ironía, sino en una verdad.

También quiero, al final del año, saldar cuentas con mi prójimo,

quiero sacar de mi espíritu, arrancar, tirar todos los rencores,

odios, resentimientos hacia mis hermanos.

Quiero terminar el año bien con todos. Quiero poder decir

que no tengo malos sentimientos hacia ningún ser humano.

Es hora de pedir perdón a todos los que en el camino he herido,

molestado, desairado. A los que tenían derecho a esperar

una respuesta y no se la di, a los que necesitaban una palabra

de aliento y me quedé con ella. A los que encontré tirados

en el camino de la vida, desesperados, tristes, vacíos de Dios

y de ilusión, y pasé de largo porque tenía mucha prisa.

Quiero pedirles perdón.

Deseo dormir en paz la última noche del año

y despertar con el alma renovada para emprender

la nueva jornada de este año que comienza.

Es importante recordar que este año será

lo que cada uno haga con él.

¿Será el mejor o será el peor? ¿Será uno de tantos,

ni bueno ni malo, sino todo lo contrario?

De cada uno de nosotros depende.

Dios que te da ese año nuevo es el que más ardientemente

te dice: ¡FELIZ AÑO!

Al Dios que me dio la vida, ¡gracias!.
Al Dios de mis días felices, ¡gracias!.
Al Amor de mis amores, ¡gracias!.
Puesto que al final de la vida me examinarán del amor,

perdóname por no haber amado lo suficiente,

y concédeme morir de amor.

Padre Mariano de Blas, L.C.

¡¡¡ Feliz año!!!

¡¡¡FELIZ AÑO 2008 para todos!!!

domingo, 30 de diciembre de 2007

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Liturgia

Domingo, 30 de diciembre del 2007
LA SAGRADA FAMILIA

Eclesiástico3, 3-7. 14-17/ Colosenses 3, 12-21 /

Mateo 2, 13-15. 19-23
Salmo responsorial Sal 127, 1-5
R/. "¡Felices los que temen al Señor y siguen sus caminos!”

Santoral:

La Sagrada Familia de Jesús, María y José



EVANGELIO

Toma al niño y a su madre, huye a Egipto

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

2, 13-15. 19-23

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.

Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta:

«Desde Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas:

«Será llamado Nazareno».

Palabra del Señor.



Mensaje de Esperanza 29-12-2007

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Sábado, 29 de diciembre de 2007
Día 5º dentro de la Octava de Navidad

1 Juan 2, 3-11 / Lucas 2, 22-35
Salmo responsorial Sal 95, 1-3. 5b-6

R/. " Alégrese el cielo y exulte la tierra”

Santoral:

Santo Tomás Becket, obispo y mártir

Doce velas para el 2008

Cuando se apagan, las últimas horas de este año 2007,

encendemos en lo más hondo de nuestras entrañas

los mejores deseos de paz, bienestar y alegría para el mundo.

¿Por qué no encender –ya desde ahora– doce cirios

que reflejen nuestra confianza y nuestra fe en Dios?

Esperanza para un mundo que se resiste a ser feliz.

La esperanza se siembra allá donde un cristiano trabaja,

vive y piensa.

Alegría para el hombre que sube y baja, trabaja y conquista

montañas, pero al cual le cuesta sonreir.

La alegría es sinónimo de un corazón sano y espiritual.

Fortaleza para los momentos de dificultad.

La nochevieja tiene un defecto: nos hace olvidar, por momentos,

que “el día siguiente” existe.

Fe en Dios.

El materialismo no da, por sí mismo, la felicidad al hombre.

Nunca, el ser humano se ha visto tan envuelto en el oropel

de la riqueza y, contradictoriamente, tan ansioso e inquieto

Paz con los que me rodean.

Uno de los fallos que tenemos es el pensar, en la paz que tenemos

demasiado lejos. Volcar nuestros esfuerzos por la fraternidad

cerca de nosotros, está a nuestro alcance.

Conformidad con lo que me acontece y tengo.

Frente al afán de tener, uno vive más feliz, cuando disfruta

de verdad con lo que tiene, no con aquello que nunca podrá alcanzar.

Ilusión por poner, en cada día del año que comienza,

una piedra que vaya edificando algo que merezca la pena.

Para nosotros y también para los demás.

Animo por empezar de nuevo el camino que dejamos inacabado

en la consecución de nuestros proyectos, trabajos o ideales.

Roma no se hizo en un día.

Limpieza de ese baúl de recuerdos ingratos y de trastos inservibles que,

en el año viejo, nos han aportado pesimismo, desazón o inquietud.

El corazón lo agradecerá.

Altruismo sano y divino para hacer más agradable la vida a los demás.

Una vida sin sensación de “hacer algo por alguien” es como

una tinaja que nunca conoció la frescura del agua.

Coherencia para vivir según lo que uno cree y no, desde aquellos postulados,

que los listos de turno nos dictan. Dar testimonio de nuestra fe, vivirla

y defenderla puede ser un claro síntoma de vivir lo que creemos.

Constancia en aquello que nos deseamos en las primeras horas de este año.

Un defecto que podemos tener es poner la primera piedra y olvidarnos

de seguir levantando el hermoso edificio que puede ser estos 366 días

de este 2008 que vamos a comenzar a recorrer.


domingo, 9 de diciembre de 2007

Mensaje de Esperanza 09-12-2007


Domingo, 9 de diciembre del 2007

DOMINGO IIº DE ADVIENTO

Isaías 11, 1-10/ Romanos 15, 4-9 / Mateo 3, 1-12

Salmo responsorial Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17
R/. "
Que en sus días florezca la justicia "

Santoral:

San Pedro Fourier, San Juan Diego

y Beato Bernardino Silvestrelli


¡UN CAMBIO POR EL SEÑOR!

1.- Seguimos marchando hacia la Navidad. Se revela el Señor, y ante su venida, no podemos permanecer indiferentes. Que no nos ocurra como a aquel peregrino que, sentado a la sombra de una marquesina del autobús, olvidó en casa lo más imprescindible para el viaje: el bastón, la mochila y un sobre importantísimo que debía entregar al final de su periplo. Llegó el autobús, y aquel hombre no estaba en condiciones para subir en él. Pasó de largo y, cuenta la leyenda, que lloró amargamente su descuido.

Habla Juan, en este segundo domingo de adviento, y predica porque, a muchos de nosotros, puede que nos encuentre debajo de nuestro cómodo templete o dispuestos a iniciar una marcha hacia la Navidad sin saber, previamente, cómo la hemos de encarar. O tal vez estamos sin convertirnos y sin demasiadas ganas de conversión. ¿Conversión? Se pueden preguntar algunos. Nos podemos preguntar algunos.

Siempre me llama la atención, con motivo de las próximas navidades, el hecho de que nuestras celebraciones penitenciales no sean tan extraordinarias (en cuanto a número) como, por ejemplo, las de Semana Santa. Como si, el nacimiento de un niño en una familia, no fuese motivo más que suficiente para limpiar de arriba abajo todas las habitaciones y rincones de la casa.

2.- La llegada de Dios a nuestro mundo merece un esfuerzo por parte nuestra: cambio y a mejor. Pero ¡ojo! El fin del Bautista no es solamente invitarnos a volver al Señor con un aire renovado. El objetivo de Juan es hacernos entender y sensibilizarnos sobre una gran verdad: EL SEÑOR ESTA CERCA.

+Tan próximo que, nuestra forma de pensar, ha de ser honesta y equilibrada

+Tan cercano que, nuestro proyecto gastronómico para las navidades, ha de ir en consonancia con la sobriedad y no con el afán consumista

+Tan al alcance de nuestra mano que, una transformación interior y exterior de cada uno de nosotros, no estaría nada mal ¡pero que nada mal! , ante el acontecimiento salvador en Belén.

¿Intentamos convertirnos? ¿Lo hacemos por el Señor? ¿Qué cobijos de nuestro ser no son agradables para el Señor?

Al principio, os decía lo del viajante que, por no estar preparado no pudo acceder al vehículo. Lo que no os he comentado es que, el resto de los viajeros, también se quedaron extrañados –amén de no llevar equipaje alguno- por la apariencia tan abandonada que presentaba.

3.- ¡Viene el Señor! Es el grito del Bautista. Vamos a envolvernos con un traje de fiesta. Si el Señor sale a nuestro encuentro, además de estar provistos con el equipaje de la oración, de la alegría, del amor, del silencio, de la caridad o del perdón, nos tiene que encontrar dispuestos a un pequeño o a un gran cambio en nuestra vida.

Dicen que, las Navidades, ablandan el corazón y también los bolsillos. ¡Qué bueno sería que, por lo menos, se suavizasen un poco nuestras mentes! ¡Qué gran regalo sería que, las navidades, nos acercasen más los unos a los otros! ¡Qué gran don que, los próximos días, significasen para nosotros una buena dosis de renovación espiritual!

Hay personas que sueltan aquello de: “para ser bueno no hace falta ir a misa”. Pero, si el tema no es ese. La gravedad del asunto es que ya no sabemos lo qué es pecado y qué no lo es. Nos cuesta hasta interpelarnos en qué y por qué hemos de cambiar. Nos hemos cortado una fe, y hasta un Dios, tan a nuestra medida que somos capaces de autojustificarnos y de buscar mil argumentos para concluir que, lo importante es ser bueno, cuando resulta que luego vemos que no lo somos tanto.

4.- ¿Conversión? ¡Claro que sí! En estos días se nos convocará al Sacramento de la Penitencia. Va a nacer Jesús: ¿acaso no se merece nuestro corazón limpio? Va a nacer Dios; ¿acaso no le hemos de brindar una vida más límpida o aseada, espiritual y físicamente hablando?

Si algo tiene el Adviento es su intención de acondicionar nuestras personas como si de esponjas se trataran. Dejemos que el Espíritu actúe en nosotros. No seamos arrogantes. No nos creamos los mejores. No concluyamos que, para la Navidad, todo es necesario menos estar en paz con Dios y con los hermanos. ¿Conversión? ¡Claro que si! España y otros países, para estar a la altura del resto de hermanos de Europa, tuvieron que modificar muchas cosas en su funcionamiento interno (unas para bien y otras para mal) porque sino perdían el tren de la historia (o eso decían).

Que no nos ocurra a nosotros algo parecido. Juan, ante la llegada del Señor, no nos pide conversión industrial, sino conversión personal; conversión comunitaria. Pues vamos a darles ese gusto: A Dios. A Jesús que viene. Al Espíritu que sopla y a la Iglesia que quiere que disfrutemos y nos beneficiemos con el Nacimiento de Cristo.

Javier Leoz

www.betania.es

Disculpas...

Hola a todos los visitantes, nos queremos disculpar por no haber actualizado este blog por tanto tiempo, pero debido a estudios y trabajo, que gracias a dios tenemos, hemos desatendido este blog.
Trataremos de hacerlo mas periodicamente a partir de ahora, gracias.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Mensaje de Esperanza 12-11-2007

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Lunes, 12 de noviembre de 2007

Semana 32 del Tiempo Ordinario

Sabiduría 1, 1-7 / Lucas 17, 1-6

Salmo responsorial Sal 138, 1-10

R/. “¡Llévame por el camino eterno, Señor!"

Santoral:

San Josafat, San Emiliano, San Margarito Flores

y Santa Agustina Livia Petrantoni

¿Qué existe en el cielo?

¿Existirán carreteras en el cielo, Señor?

¿Para qué? Sólo en la tierra son necesarias las prisas.

En la eternidad, la paz y el sosiego nacen por todos los rincones.

¿Existirán bosques y mares, ríos y montañas en el cielo, Señor?

¿Para qué? La belleza de Dios, será lo suficiente

para colmar las aspiraciones y la búsqueda de todo hombre.

¿Existirán rascacielos y playas en el cielo, Señor?

¿Para qué? Sólo, con habitar en Dios

será suficiente para sentirse feliz

y pasear viendo su inmensa Gloria.

¿Existirán las razas y la diversidad de lenguas en el cielo, Señor?

¿Para qué? En Dios Padre, todos seréis definitivamente UNO.

¿Existirán las fronteras, las diferencias, el libre pensamiento?

¿Para qué? En la casa de mi Padre

sólo existe la común unión;

en la morada de mi Padre sólo vive un único pueblo;

en la mansión de mi Padre, al verlo tal y cual es,

el pensamiento sólo será uno: AMOR Y SOLO AMOR.

¿Existirá el rencor y el odio por lo que fuimos y nos hicimos, Señor?

¿Para qué? Quien llega a la casa de mi Padre

lo hace siendo una persona traspasada por el amor,

y, en el corazón de esa persona que alcanzó la meta divina

sólo hay lugar para eso, para el amor.

Entonces ¿qué existe en el cielo, mi Señor?

En el cielo hay lo que vosotros no lográis alcanzar en la tierra.

En el cielo funcionamos de una forma diferente.

En el cielo no valen los esquemas de la tierra.

En el cielo es feliz quien fue infeliz allá abajo.

En el cielo es grande quien fue pequeño.

El cielo sólo se entiende viviendo y pensando en él.

No lo olvidéis, el cielo es el mundo al revés.

El cielo es la gran casa del Padre.

Un lugar donde sólo brota el amor.

Una fuente donde sólo emerge el bien.

Un paraíso en el que, lo que a vosotros os parece necesario

allá es inutilidad completa.

Javier Leoz

jueves, 8 de noviembre de 2007

Mensaje de Esperanza 8-11-2007

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Jueves, 8 de noviembre de 2007

Semana 31 del Tiempo Ordinario

Romanos 14, 7-12 / Lucas 15, 1-10

Salmo responsorial Sal 26, 1. 4. 13-14

R/. “Contemplaré la bondad del Señor"

Santoral:

Beato Juan Duns Scot, San Godofredo, San Andrés Avelino,

Beata Isabel de la Trinidad, San José Nguyen Dinh Nghi

y San Juan Bautista Con, San Martín Ta Duc Thin,

Martín Tho y Pablo Nguem Ngam

Hay momentos en que...

Hay momentos en que …

somos tímidos para expresar el amor que sentimos,

por temor a avergonzar a la otra persona

o avergonzarnos nosotros mismos, dudamos en decir:

"te quiero" y tratamos de comunicar la idea en otras palabras.

Decimos "cuídate", "no manejes rápido", "pórtate bien".

Pero realmente, estas son diferentes maneras de decir

"te quiero", "eres importante para mi", "me importa

lo que te suceda", "no quiero que estés mal".

A veces somos muy extraños:

la única cosa que queremos decir y la única cosa

que debemos decir, es la única cosa que no decimos.

Porque el sentimiento es real y la necesidad de decirlo

es tan fuerte, usamos otras palabras y signos

para decir lo que realmente queremos decir.
Y muchas veces el significado nunca se comunica del todo,

y la otra persona se siente ignorada y no querida.

Por ello, debemos escuchar el amor en las palabras

que las otras personas nos dicen.

Algunas veces las palabras explicitas son necesarias,

pero con mayor frecuencia, la manera de decir las cosas

es aún más importante.

Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto

y amor que los sentimientos que son expresados

de manera poco sincera.

Un abrazo o un beso impulsivos dicen "te amo",

aún cuando las palabras digan algo diferente.

Cualquier expresión de preocupación de una persona

por otra dice "te quiero".

A veces la expresión es vulgar, a veces incluso cruel.

A veces debemos mirar y escuchar muy atentamente

el amor que contienen, pero muy frecuentemente

está allí, debajo de la superficie.

Una madre puede regañar a su hijo constantemente

por sus notas o por no limpiar su cuarto.
El hijo puede escuchar solo el regaño, pero si escucha

atentamente, escuchará el amor debajo del regaño.

Su madre quiere que él haga lo correcto, que sea exitoso.
Desafortunadamente su preocupación y amor por su hijo

emergen en su regaño; pero también es amor.

Una hija regresa tarde a su casa, después de su permiso,

y su padre la confronta con palabras amargas.

La hija puede sólo escuchar la ira, pero si escucha atentamente,

escuchará el amor debajo de la ira.

"Estuve preocupado por ti" dice el padre, porque

me importas y porque te quiero.

Eres importante para mi".