sábado, 26 de enero de 2008

Mensaje de Esperanza 26-01-2008

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Sábado, 26 de enero de 2008

Santos Timoteo y Tito

2 Timoteo 1, 1-8 / Marcos 4, 26-34

Salmo responsorial Sal 95, 1-3. 7-8a. 10

R/. "¡Anuncien las maravillas del Señor entre los pueblos!”

Santoral:

Santos Timoteo y Tito, obispos

Mientras

Mientras nazca el perdón tras una ofensa.

Mientras desaparezcan las guerras con diálogos,

y unas manos encuentren ayuda

en otras manos extrañas... habrá esperanza.

Mientras manos pintadas en blanco

se alcen en señal de protesta.

Mientras se grite "NO" a las drogas,

y se disfrute de la vida con los

sentidos despiertos... habrá esperanza.

Mientras se valore a la persona

por encima de sus posesiones.

Mientras se reconozca la diferencia entre amor y sexo,

y viva la amistad... habrá esperanza.

Mientras surja un piropo.

mientras se sonroje una mujer,

y sonría un hombre... habrá esperanza.

Mientras los besos de un niño

tengan sabor a "gloria".

Mientras la alegría en una mirada se refleje,

y existan los sueños... habrá esperanza.

Mientras brote vida en las entrañas.

Mientras se entregue la vida a cambio de otra,

y la libertad se respete... habrá esperanza.

Mientras exista un hombro donde apoyarse.

Mientras se escriba un "te quiero",

y sean eternos los besos... habrá esperanza.

Mientras rían los niños.

Mientras no nos corten la luz,

y tú sonrías… habrá esperanza

viernes, 25 de enero de 2008

Mensaje de Esperanza 25-01-2008

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Viernes, 25 de enero de 2008

La Conversión de San Pablo

Hechos 22, 3-16 / Marcos 16, 15-18

Salmo responsorial Sal 116, 1. 2

R/. "Vayan por todo el mundo, anuncien el Evangelio”

Santoral:

La Conversión de San Pablo, Apóstol

Un mensaje especial

Bucear por lo más profundo de nosotros

es duro y costoso, pero es algo que nos da vida

y ofrece vida a los que nos rodean.

Con frecuencia preferimos permanecer de espaldas

a nuestra realidad, a nuestra historia, sin darnos cuenta

que en nuestro pasado se asientan las bases

de lo que hoy hemos llegado a ser.

Si rebobinamos la película de nuestra vida

puede que encontremos cosas que no nos gustan,

cosas que nos han hecho daño sin apenas darnos cuenta,

pero también encontraremos cosas maravillosas que,

al visualizarlas, nos harán sentir el gran amor de Dios Padre.

Cuando venimos al mundo Dios pone en nuestras manos

un gran tesoro que debemos cuidar y mimar.

En el trayecto de la misma ese tesoro a veces se esconde,

desaparece de repente sin preguntarnos siquiera

si queremos esconderlo. Somos fruto de lo que somos

y de lo que nos rodea, pero el "tesoro" está ahí.

Me pregunto cuáles son los tesoros de mi vida,

en que momentos ese tesoro se ha perdido de mi vista

y ha dado paso al dolor y a la sinrazón.

Cuando contemplamos el firmamento estrellado

sentimos con melancolía la grandeza de Dios

expresada también en la naturaleza,

en aquello que no alcanzamos.

¿Por qué no preguntarnos sobre la grandeza

que albergamos dentro de nosotros mismos?

¿sobre la grandeza que aportamos a los demás?

Creo que la amistad es un cauce de expresión

de lo que soy con el otro y de lo que el otro es conmigo,

un regalo que Dios pone en nuestras manos y que,

con cariño y ternura, acogemos en nuestra vida.

Busquemos juntos amigo mío, busquemos ese regalo

de Dios que habita en tu interior. Yo, de puntillas

y sintiendo lo sagrado que hay en ti lo viviré contigo siempre.

Sentiré el paso de tu historia, de tu herida, de tu gozo.

Profundicemos sobre lo que eres, sobre lo que soy

y me haces ser. Unidos siempre como hermanos

de un mismo Padre, unidos con los lazos del amor y la amistad.

Ayúdame a "ser contigo", ayúdame a sentirme libre

y con total confianza para poder darte lo mejor que soy,

lo mejor que tengo.

Desde mi pequeñez y debilidad te ofrezco lo que soy tal cual soy.

Hazme partícipe de tu búsqueda, de tu dolor... no cierres puertas

al amor, abre rendijas de esperanza y redención.

Vivo en ti, vives en mí. Dios en el centro.

Mi "Mensaje especial" es un mensaje de apertura y entrega,

de aceptación y sinceridad.

Con el corazón abierto te invito a seguir escribiendo

el libro de nuestra vida.

"Cada atardecer volvemos una página más de nuestra vida,

tal y como haya quedado, ponla en manos del Padre

y vuelve a empezar al día siguiente"

jueves, 24 de enero de 2008

Mensaje de Esperanza 24-01-2008

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Jueves, 24 de enero de 2008

Semana 2ª durante el año

1 Samuel 18, 6-9; 19, 1-7 / Marcos 3, 7-12

Salmo responsorial Sal 55, 2-3. 9-12. 13

R/. "¡En Dios confío y no temo!”

Santoral:

María, Reina de la Paz,

San Francisco de Sales

Instantes

Algunos de los más grandes logros

surgen de pequeños esfuerzos

repetidos una y otra vez.

Consistentemente enfocados

en la misma dirección,

esos esfuerzos adquieren

un poder enorme,

prácticamente imparable.

Las rocas más duras y resistentes

serán finalmente desgastadas

por débiles y diminutas gotas de agua.

Así también esfuerzos pequeños y positivos,

finalmente producirán resultados

valiosos e importantes.

En los momentos aparentemente

más insignificantes, tus pensamientos

y tus actos realmente importan.

Importan muchísimo más

de lo que parecería.

Porque es en esos momentos,

pequeños, comunes y corrientes

que se van construyendo

extraordinarios logros.

Una vida diferente, una vida de éxito

y realización, se alcanza a través

del vivir cotidiano.

Aunque quizás te muevas

apenas unos centímetros cada vez,

esos pequeños pasos, uno tras otro,

te llevarán finalmente a miles

de kilómetros de distancia.

Reconoce el valor y la verdadera

oportunidad que hay en cada instante,

porque son ellos los que se combinan

entre si para construir una vida

grande y maravillosa.

miércoles, 23 de enero de 2008

Mensaje de Esperanza 23-01-2008

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Miércoles, 23 de enero de 2008

Semana 2ª durante el año

1 Samuel 17, 1a. 2a. 4a. 8. 32-33. 37. 40-51 / Marcos 3, 1-6

Salmo responsorial Sal 143, 1-2. 9-10

R/. "¡Bendito sea el Señor; mi Roca!”

Santoral:

San Ildefonso, San Bernardo y San Juan El Limosnero

Hubo un momento

Hubo un momento en el que creías

que la tristeza sería eterna; pero volviste

a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejaste

de creer en el amor; y luego te diste cuenta

de la importancia que guardan dentro de sí

las personas y te ayudó a amar

a los demás cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad

parecía no existir; y descubriste el valor

de reír y llorar, en los mejores

y en los peores momentos, descubriendo

así la grandeza de vivir desde dentro

con alguien a quien quieres.

Hubo un momento en el que estabas

seguro que la comunicación con alguien

se había perdido; y fue luego cuando tu e-mail

se llenó de mensajes alentadores,

tu móvil de llamadas de encuentro

y de pitidos de recuerdo.

Hubo un momento en el que una pelea

prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera

entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía

imposible de pasar; y hoy es un examen

más que aprobaste.

Hubo un momento en el que sentiste

que no podrías hacer algo:

y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste

que nadie podía comprenderte;

y te quedaste paralizado mientras

alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida

cambió en un instante, nunca olvides

que un instante también puede cambiar tu vida

y aún habrá momentos en que lo imposible

se tornará un sueño hecho realidad.

"Nunca dejes de soñar, porque soñar

es el principio de un sueño hecho realidad".

Recuerda:

"Todo lo que sucede, sucede por una razón".


martes, 22 de enero de 2008

Reflexiones sobre la familia

Autor: P. Fernando Pascual
¿No tenemos nada que decirnos?
Sólo desde el amor se comprende y se acepta al otro, con o sin palabras.
¿No tenemos nada que decirnos?
¿No tenemos nada que decirnos?
Hace algunos años dos jóvenes se casaron. El amor hizo que rompiesen las amarras de lo conocido y se lanzasen a la aventura emocionante del vivir juntos, con el compromiso del “para siempre” que sólo son capaces de dar los que se aman. Dos años después nacía una encantadora niña. Cuando la niña cumplía sus dos años, los esposos estaban separándose.

¿Por qué? Cuando le preguntaron eso al esposo y padre, respondió, no sin un deje de tristeza y de fracaso, con estas palabras: “No soy capaz de comunicar con mi esposa, no tenemos nada que decirnos”.

La historia, el drama de esta pareja y de su hija de dos años no es, desgraciadamente, algo insólito. Que fracasen matrimonios es algo que ocurre por infinidad de motivos y en todos los continentes. Que fracasen a los 4 años de casados no es algo del otro mundo, cuando hay quienes empiezan los problemas antes de celebrar el primer aniversario de bodas... Que se rompa la pareja incluso cuando hay de por medio uno o varios hijos pequeños tampoco es novedad. Entonces, ¿podemos declarar ya algo normal el que se diluya un matrimonio que unió precisamente a dos personas porque antes brillaba un amor intenso entre ellos, y ahora se apagó?

Al lado de tanto dolor y de tanta amargura encontramos otro tipo de parejas. “Viven juntos”, pero no sólo eso: cada día es un crescendo de amor, de proyecto común, de sueños y de planes para el mañana, de luchas y de fatigas para superar los problemas que se van presentando. Por eso no sólo “viven juntos”, sino que se aman, y por eso están juntos...

Alguien decía: “Si al mirarme te acuerdas de mí, no me mires; pero si al acordarte de mí me miras, ¡mírame siempre!” Los esposos felices, cuando vuelven a mirarse no lo hacen porque se crucen al ir de un sitio a otro de la casa, sino porque todavía hoy necesitan volver los ojos con el corazón a aquel o a aquella en quien siguen pensando con cariño y sin pausa...

Son parejas, también hay que decirlo, que pasan por momentos difíciles, por luchas, por “crisis matrimoniales”. Pero saben ver lo que hubo antes y lo que vendrá después de la tormenta. Quizá incluso discuten y no llegan a un acuerdo sobre esto o sobre lo otro (la nueva lavadora, el color de la pintura del cuarto, la madera para construir una silla nueva, el modo de tratar al hijo pequeño o al que inicia la adolescencia), pero encuentran las fórmulas para que el choque no lleve a daños mayores, y restablecen lo más pronto posible los lazos de la unidad y de la armonía.

En contraste con lo que nos decía el joven esposo y padre que nos llevó a iniciar estas reflexiones, estas parejas felices “sí tienen mucho que decirse”, porque están continuamente renovando un amor desde las nuevas experiencias y situaciones que la vida presenta sin interrupción.

El amor entre un hombre y una mujer tiene mucho de aventura y de pasión. Pero sobre todo es compromiso y entrega madura y responsable. Entre nosotros, a diferencia de casi todos los animales, no hay periodos fijos para la vida sexual ni para la vida comunitaria. Cualquiera puede entrar a formar parte de un matrimonio un radiante día de primavera (aunque haya un calor de espanto o caiga una tormenta tropical), y cualquiera puede abandonar sus compromisos porque le aprieta el zapato derecho, porque él o ella pesan 10 kilos de más, o por motivos más serios, incluso justos. Cada uno afronta la situación desde su propia libertad, y los mismos problemas pueden hacer que unos esposos maduren en su amor, y que otros pasen durante varios meses o años ese infierno de juicios y de riñas para lograr una separación lo más ventajosa posible... si es que se puede “ganar” una causa que no es sino la consumación de una derrota existencial.

Desde luego, hay casos en los que no sólo conviene separarse, sino que parece no haber otra salida. Cuando la otra parte está siempre en actitud de lucha y de acusación, busca y piensa sólo en el dinero, en el vino, en la droga o en el placer adultero y degenerado, o golpea una y otra vez, de modo incluso gravemente peligroso, a los niños o al otro cónyuge, y no da muestras de ningún deseo de cambio ni de superación... uno no puede no declarar fracasada una convivencia que ya no existe, que sólo genera odios y heridas siempre abiertas.

Por desgracia, no siempre el noviazgo ayuda a prevenir estas situaciones, a descubrir los problemas de incompatibilidad que podrán nacer en la vida matrimonial. Por eso los novios deberían darse cuenta de lo que implica buscar la otra media naranja para el resto de sus años, y pensar muy bien si se encuentran con la persona justa, o si quizá conviene todavía esperar un poco antes de dar un paso en falso del cual hay que arrepentirse luego, una vez que se han producido daños a veces irreparables.

Fuera de casos que merecen el juicio de un psiquiatra o de personas competentes, ¿cómo lograr que un matrimonio normal no naufrague? La respuesta es fácil y es difícil. Es fácil porque muchos ya han triunfado: basta que los dos pongan lo poquito que esté de su parte. Antes de casarse, pensándolo bien. Una vez casados, buscando continuamente que el amor crezca y madure. Pero también es difícil, porque cuando la otra parte no responde y se atrinchera en sus derechos y en sus mayores o menores “razones”, parece que cualquier esfuerzo resulta inútil, y uno ve la barca a la deriva, cada vez con más agua en la cubierta...

Por ello hay que descubrir todos los días esa “llave” que nos puede abrir el corazón del otro, como recuerda una escena simpática de esa conmovedora película, La vida es bella: los detalles. Siempre es posible volver a lanzar amarras e intentar la conquista maravillosa de un corazón que un día me cautivó y que quedó cautivado por mí. Esos detalles son sólo verdaderos (es decir, significan, dicen mucho) si arrancan de un corazón dispuesto a triunfar en el amor, dispuesto a darlo todo por el otro o la otra, pues en el juego del amor el que más pierde más gana...

¿No tenemos nada que decirnos? No siempre se ven parejas que hablen. Pero ni siquiera el hablar es necesario para vivir en un profundo amor matrimonial. Entre dos esposos enamorados, aunque ya hayan cumplido los 25 o los 50 años de casados, hay veces en que no hace falta decir nada. Bastan ciertos gestos y ciertas miradas, y todo está entendido. Se ha dicho mucho, porque hay mucho amor: sólo desde el amor se comprende y se acepta al otro, con o sin palabras.

Al esposo y padre que nos llevó a iniciar estas reflexiones quisiéramos decirle muchas cosas. La separación es no sólo un drama, sino una derrota. Y el amor verdadero no se resignará nunca a morir. Hay que volver a empezar, hay que iniciar a amar de nuevo. Quizá el tiempo ha dejado polvo o rutina, heridas o pequeñas incomprensiones, pero donde hay amor siempre se puede empezar. Habría que buscar incluso unos momentos para renovar, delante de Dios, las promesas matrimoniales, y para pedir que reviva lo que fue una realidad, lo que está llamado a ser un amor cada día más maduro y más hermoso. Y no dejar de creer que podemos cambiar, que es posible comunicar, con el lenguaje del amor, con la esposa, con el esposo, para el bien de los dos y para el bien de los hijos que esperan ver a sus padres felices y enamorados para siempre.

Mensaje de Esperanza 22-01-2008

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

Martes, 22 de enero de 2008

Semana 2ª durante el año
1 Samuel 16, 1-13 / Marcos 2, 18-22

Salmo responsorial Sal 88, 20-22. 27-28

R/. " Encontré a David, mi servidor”

Santoral:

San Vicente y Beata Laura Vicuña

Hoy seré inmensamente feliz

Lo primero que debes tener presente para conquistar la felicidad

es que está en ti decidir si quieres una vida de felicidad o de infelicidad.

No depende de nadie más, sino que de ti.

La alegría se puede aprender y desarrollar. Como la felicidad

es un estado emocional, éste se puede provocar y mantener.

Es un estado interior, no es una cosa ni un objeto. Por lo tanto,

teniendo las actitudes y comportamientos adecuados,

sentirás felicidad en tu vida.

Para verificar que se trata de un estado puramente interior

haz la siguiente práctica: durante un par de días intenta

recordar momentos felices que hayas tenido y anota brevemente

en una hoja unas palabras que te recuerden esa situación.

Cuando tengas unos diez eventos en los que hayas sido feliz,

lee la lista, recuérdalos e imagínalos en tu mente, uno por uno.

A los pocos segundos te sentirás muy feliz.

No podrás tener felicidad en tu vida si la haces depender

de factores externos. No depende de si tienes más o menos objetos,

más o menos dinero. Ni tampoco si te aman o no. Quién busca la felicidad

comprando cosas, no la obtendrá y siempre sentirá que no tiene lo suficiente.

¿Por qué sucede esto? Porque, repito, la felicidad es un estado interior,

es una vivencia íntima.

Algunas pautas para tener un comportamiento que provoque felicidad:

Busca las virtudes. Con cada persona que te encuentres, busca lo positivo

en ella. Todos tienen cualidades y defectos, desde tu punto de vista.

Elige concentrarte en sus cualidades y virtudes. Comunícate con esa parte.

Agradece. Todas las personas te enseñan algo. Aún cuando tengas momentos

desagradables o situaciones problemáticas, reflexiona qué puedes aprender de ello

y agradece esa oportunidad. Si alguien te ha obsequiado con algo, unas sonrisas,

una palabra de estímulo, una experiencia, su tiempo..., manifiesta tu gratitud.

Cuenta tus bendiciones. A todos nos falta conseguir muchas cosas,

pero ya tenemos algunas. Quizás tengas una casa donde vivir, comida, familia.

Quizás puedas ver u oír. Tenemos un universo para contemplar y admirar,

tenemos miles de personas a quienes amar. Seguramente tienes algunos logros

en tu vida. Ocupa más tu mente en esas bendiciones que en lo que te pueda faltar.

Cada día es una oportunidad para ir hacia tus objetivos y tener más de lo que quieres.

Si en tu presente cuentas tus bendiciones, serás más feliz y tendrás un mejor futuro.

Así tus metas se cumplirán más fácilmente.

Actúa como si fueras feliz. Hay una relación entre tu cuerpo, tus emociones

y tu actitud mental. Si te comportas como si fueras feliz, hablando como si lo fueras,

sonriendo, camina como una persona feliz, habla como sí, etc..

. Conseguirás de este

modo llegar a sentirlo. Y al sentirlo, comenzarás a apreciar las cosas lindas de la vida.

Se va transformado en una nueva actitud.

Identifica los obstáculos. Piensa en las situaciones que te hacen infeliz.

Descubre qué actitud tuya debe cambiar para que no te afecte de esa manera.

No pienses en eliminar o cambiar algo externo para ser feliz. Recuerda que la felicidad

es un estado interior. Revisa tus comportamientos para cambiarlos de manera

adecuada. Entrevista a los felices. Si encuentras personas que te parecen muy felices,

entrevístalas para que te relaten cómo logran su felicidad y por qué se sienten así.

Es muy probable que obtengas más ideas para ser tú feliz también.

Toma el mando. Cada mañana decide que tú comandarás tu vida. Decide

que serás feliz. Mírate al espejo con tu mejor sonrisa y di:

"Hoy seré inmensamente feliz".